Cine raruno: Kauwboy (2012) y la entelequia de la distribución en España

Escrito por Marcos Gisbert
Categoría: Cine Publicado: Martes, 04 Diciembre 2012

Ganadora del First Movie Award y del Deutsches Kinderhilfswerk Grand Prix del Festival de Cine Internacional de Berlín. Ganadora del Premio de la Audiencia Joven de los Premios al Cine Europeo. Ganadora del Premio a la Mejor Película del Festival Internacional de Cine para Niños de Kristiansand (Noruega). Mención Especial en el Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires. Seleccionada por Holanda como candidata a Mejor Película de Habla no Inglesa en los 85º Premios de la Academia Oscar 2012. Fecha de estreno en España: desconocida.

Kauwboy (Boudewijn Koole, 2012) es una poderosa ópera prima cuyo realizador se curtió en el terreno de los documentales para la televisión holandesa antes de lanzarse a su primera película. El tratamiento es netamente minimalista: media decena de actores y actrices, bellísimas localizaciones de la provincia semi-urbana neerlandesa (que pueden simbolizar la libertad interior del niño protagonista), una trama sutil en torno a una familia desestructurada, y un cuervo. Sí. Podría parecer que la película trata de un niño raro que se topa con un cuervo bebé debajo de un árbol, lo lleva a casa a escondidas con temor de que lo encuentre su padre y lo va educando mientras le habla sobre cómo es la vida en el barrio, le pone la música country que graba su madre ausente, le da puré de patatas con brócoli y termina por enseñarle a volar. Esas cosas que hacen todos los niños a los diez años, vamos.

Pero la fuerza de la película está precisamente en lo contrario, en lo que no dice. Porque a partir de una historia aparentemente terrenal, se opta por hacer un retrato de las relaciones humanas desde un acercamiento antropológico y zoológico, de forma muy parecida a cómo hacía El hombre de Alcatraz (John Frankenheimer, 1962), donde un convicto Burt Lancaster encuentra su redención al cuidar de un espontáneo gorrión que acaba por error en su celda. Y Kauwboy, en el fondo, no es una readaptación del melancólico Chico Ostra, sino que está hablando de cómo cuidar de una mascota (poco usual) puede hacer superar el momento de duelo por la pérdida de un ser querido. En la película se habla, sin decirlo, de duelo, de ritual, de libre albedrío, de paternidad y maternidad, de autoridad, no como conceptos psicológicos sino antropológicos. Y ahí está su interés, con ese tratamiento sutil e histórico de las producciones europeas independientes. De ahí la siniestra elección de un cuervo como animal de compañía, y no un gatito persa.

Que producciones como ésta, de un alto logro artístico (como demuestra el amplio Palmarés recibido en festivales con el que he comenzado el artículo) no se vaya a ver en España (comercialmente) hasta el año 2014 ó 2015, si es que llega a circular, produce en mi cabeza un cúmulo de paradojas de irresoluble explicación que apuntan todas al mismo anatema: la distribución, un viejo tema del que conviene debatir de cuando en cuando, por molestar más que nada. Siento anestesiar el artículo con la siguiente parrafada de datos, pero como dijo Jack el Destripador: tenemos que ir por partes.

El 85% de la recaudación en España está controlado por tres tipos de distribuidoras: las filiales de los grandes estudios de Hollywood, como Disney, Columbia TriStar o UIP (40%), de las cuales muchas ya se han fusionado (si no, que le pregunten a la Princesa Leia qué hace ahora preguntándole a Rafiki sobre su futuro, junto con Yasmín, Bella y Ariel a la cola). El segundo grupo lo forman las joint ventures que han formado las majors con empresas españolas (Warner Sogefilms o Hispano Fox Films), controlando el 30% de la recaudación. El 15% restante le corresponde a distribuidoras, normalmente nacionales, que dependen del producto de las mini-majors norteamericanas y de las grandes co-producciones europeas (son los casos de Aurum Producciones, Tripictures o DeAPlaneta). Queda un humilde 15% de control de taquilla para distribuidoras de cine independiente, que pierden fuelle por el progresivo poco interés que las televisiones muestran por sus obras al considerarlas “raras raras” y las distribuidoras quijote que nacen in expreso para distribuir una película que no ha encontrado vías de distribución por otros canales. De media, no consiguen facturar más de 1.000 euros al año.

Si el mundo fuera solidario, justo y con nubes de color de rosa, esta situación no tendría por qué limitar el acceso del público a obras como Kauwboy. Pero Eva mordió la manzana, los cielos se nublaron y aparecieron las “estrategias de distribución por oferta saturante”. Es decir, el block booking (al que en mi barrio me enseñaron como contratación por lotes) y el blind bidding (contratación a ciegas). Estos palabros no son trabalenguas estilísticos para aprender a hablar mejor el inglés. Son estrategias que están, casi en monopolio, en manos de las majors. Y consisten en saturar la oferta de películas mediante lotes donde la primera de la lista es la más guapa de la fiesta, el blockbuster y más abajo hay una amplia lista de sub-productos sin ningún otro interés que producir beneficio. “Vale, yo te doy Batman 3 o El Hobbit pero tienes que llevarte Dos colgaos muy fumaos, Resacón 2 Ahora en Tailandia y ésa de los universitarios que montan una fiesta y la lían”. Es, a grandes rasgos lo que este distribuidor le dice al impotente programador de los cines ABC de tu ciudad. La contratación a ciegas es aún más mefistofélica: el exhibidor puja por un producto que no ha visto y acepta así unas condiciones de mejora en la exhibición (marketing especial, merchandising de la película a dar en taquilla, descuentos, etc.).

Éste es el motivo por el que cuando vas a tu súper multiplex con 24 salas y te pones a elegir, fácilmente 20 películas serán producciones norteamericanas, que por la labor de protección y fomento de la diversidad de los pueblos europeos precisamente, no están.

El sistema es oligopólico, complejo y jerarquizante. Si tienes un blockbuster, la promoción en torno a ella va a ser de dimensiones épicas. Sobre el caso de las producciones medias, ayer leí un artículo muy interesante en la web de www.valenciaplaza.com donde las pone en la situación más arriesgada de todas, al situarse en el limbo financiero de necesitar un presupuesto de producción media con el peligro de no encontrar distribuidora y relegar la copia cero a la nevera (¡ánimo, Gabi!). Y en el tercer caso, el de las películas low cost, ya nos adentramos en el Bronx audiovisual. Cada caso particular debe resolverse mediante los recursos, contactos y amigos de los que la productora pueda disponer en una suerte de “cine de guerrillas” para el que se necesitarán toneladas de fe y altruismo, siempre que el proyecto sea interesante para los que fueran a participar en él. A estos valientes guerrilleros les queda la salida de ir presentando su obra una vez realizada por festivales de todo el mundo, “hacer la ronda”, que dicen en Málaga, y recorrerse todos los Mercados Internacionales de esos Festivales, hasta conseguir firmar allí un contrato con alguna distribuidora.

Porque a esto hay que añadir, ya terminando con el momento losa del artículo, las nuevas formas de difusión audiovisual por Internet: el Video on Demand (VoD), las plataformas de descargas de películas a precios ínfimos (Filmin, Filmotech), que desafía el entramado oligopólico antes mencionado, al poder estrenar simultáneamente en cines, Internet y DVD. Paco León ha hecho mucha pupita al sector al quitarles las máscaras y demostrar que hay otras vías de distribución que no son las tradicionales y que, por ende, resta los privilegios centenarios de los que ha gozado el sector hasta ahora.

El vacío legal en este tema es actualmente tan inconmensurable que no parece cierto, lo que da una libertad inimaginable para plantear nuevos modelos de distribución. Yo, por mi parte, recuerdo la clase del COU en la que me explicaron la diferencia entre legalidad y legitimidad, y la entendí muy bien. Por eso no he tenido ningún problema ético ni estético a la hora de descargarme Kauwboy: es legal en tanto en cuanto los grupos de control mediático vulneran mi derecho de acceso a los contenidos culturales (como los audiovisuales) ya que no puedo ver la película en ningún cine de mi país –dados los intereses oligopólicos expuestos arriba. Y, por supuesto, me reafirmo en el acto legítimo donde debemos reinventar la forma de compartir el arte en la forma adecuada (fórmulas de salario para artistas, que vivan y sigan creando y creyendo en obras), para que deje de seguir dependiendo de una Junta de Accionistas de turno.

PD: Quería rescatar esta cita de Ned Tanen, Presidente de los Estudios Universal en 1984: Contrariamente a lo que se imagina la gente, los estudios no son empresas de espectáculos. En tanto filiales de coproducción cuya razón de ser es la obtención de beneficios, su papel consiste en aportar dividendos a los accionistas.”.