Love of Lesbian, segundo asalto
Hace aproximadamente un año, todo el mundo hablaba de Vetusta Morla. Los más indies se quejaban en Jenesaispop porque salían hasta en Antena 3, los más guays presumían que los conocían desde que Pucho era imberbe, y el resto de mortales simplemente disfrutábamos de sus conciertos. En plena “eclosión vetusta” (marzo del 2009), Love of Lesbian publicaban su tercer disco en castellano, 1999. Venían con una trayectoria ascendente, pero nada hacía presagiar que un año después iban a superar el fenómeno Vetusta Morla.
Han llenado en todas salas por las que han pisado (y repitiendo algunas ciudades), han aparecido en medios generalistas (los 40, la Sexta…), impagables cameos en series de TV, pleno de festivales este verano (FIB, Low Cost, Sonorama, Ecopop, Contempopranea…), colaboraciones con bandas… Incluso se han permitido el “lujazo” de pisar la lista de ventas en algunas semanas.
Un éxito como el de Love of Lesbian en los años 80, hubiera supuesto llenos en las plazas de toros y probablemente las ventas de sus discos habrían alcanzado las doscientas o trescientas mil copias. Muy al estilo de lo que supuso El último de la fila en esa época: músicos cercanos, con carisma, humor surrealista en algunos temas y una especie de nexo entre todas las canciones que parece que hable de un mismo personaje, algo que hace que la gente se identifique más con las letras. Pero claro, estamos en 2010 y si Alejandro Sanz ya no vende más de doscientos mil discos…
En lo negativo, las mismas críticas que azotaban a Vetusta Morla, ya se han extrapolado a los lesbianos (“ya no sois indies”, “la gente no para de cantar en los conciertos bla bla bla…”). Además de esto, existe el miedo en la banda de caer en la sobre-explotación y con ello cansar a la gente . Por ello, ya planean un tiempo de descanso indefinido cuando acabe la gira 1999.
Una gira que volvía a aterrizar en Valencia (sala Mirror) casi un año después del doble concierto en la Wah-Wah. Servidor, lesbiano irreversible, se los volvía a encontrar tras haber tenido que cruzarme media península un par de veces para verlos.
Lo más interesante fue encontrarme pequeños cambios en la estructura y el setlist respecto a los conciertos a los que asistí, como el de la Riviera. Comenzaron con Allí donde solíamos gritar (no es casualidad que sea la que más popularidad tiene en spotify), Las malas lenguas y Noches reversibles, ese homenaje a las relaciones autodestructivas con bucles de “ahora lo dejamos, ahora volvemos”. Para la siguiente canción, Niña imantada, cayó el primero de los comentarios socarrones de Santi Balmes: “Como letrista de la siguiente canción, pido derecho de pernada por todos los polvos que los tíos habéis conseguido gracias a la letra”. Las novedades llegaron en forma de Cuando diga ya (quizás la canción más cañera de 1999 pero que no despertó fervor entre el público) y Carta a todas tus catástrofes, rescatada del Maniobras de escapismo.
Tras Segundo asalto, 1999, Incendios de nieve y extrañas reflexiones (-¿Para qué sirven las cejas? – Para que Xavi, Jeffren y Cristiano Ronaldo se las depilen), abandonaban el escenario por primera vez. Al volver, la hecatombe: Club de fans de John Boy, la acertada novedad de El Ectoplasta, Un día en el parque y Me amo. De nuevo abandonaron el escenario, pero esta vez al volver ya lo hicieron disfrazados de “amantes guisantes” (mono verde y capa roja).

El final del concierto fue ya un festival de cachondeo, risas, y un público entregadísimo a ritmo de Los niños del mañana (con una versión de We are the children con Julián Muñoz de protagonista), Marlene, Houston y Shiwa. El final volvió a ser “marca de la casa”: pincharon Algunas plantas y el grupo realizó una absurda y genial coreografía, para acabar bajando del escenario y bailar con el público. Esta es otra de las cosas que más les reprochan los modernos a Love of Lesbian: “es que parecen verbenas de pueblo o conciertos de Los inhumanos”. Yo por el contrario hago mías las palabras del propio Santi Balmes en el concierto: “Me alegro de que se estén rompiendo los moldes de los típicos conciertos en los que los músicos parecen muertos mirando al suelo. Ahora la gente participa e incluso se disfraza”.
Pues eso, viva la democratización del pop.
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- Archivado en: El Rincón del Golfo
- Autor: Vitto Golfeone






El humorista al que Apple pidió perdón tras decirle que su trabajo era obsceno y difamatorio, eso sí, después de que le dieran un Pullitzer, recibe otra disculpa en forma de invitación a volver a enviarles su trabajo para una aplicación con el Iphone. Qué honesto es el sueño americano.





Érase una vez una niña tonta, tan tonta que cuando se miraba en los espejos era incapaz de salir de sus ensoñaciones narcisistas mientras acariciaba su larga cabellera morena para poder adentrarse en la realidad en la que vivía. Adolfita, que es como se llamaba nuestra protagonista estaba tan enamorada de sí misma que cuando vino su príncipe azul, lo usó sólo para darse placer y terminó tirándolo días después. Decidió entonces que usaría príncipes kleenex para poder preservar su encanto personal sin la necesidad de depender de un hombre, siquiera para el placer.
Créanme, hay otras formas de enseñar la equidad. Lo digo por experiencia, porque trabajo con el tema, me formo en él y veo muchísimas otras acciones que se realizan sin necesidad de gastarse semejante dineral (sea lo que sea me parece más caro que 10 €, lo que suelen costar los materiales que realizamos para trabajar este asunto) en un documento que no aporta nada más que la posibilidad de hacer dibujar (más) al alumnado de Educación Infantil. 
Siempre nos quedará Internet, pero qué pena da cuando dejan de emitirla directamente en televisión. Jack Bauer ya no está en la Fox. ¿Por qué Jack es nombre de protagonista (Jack de Lost, Jack Sparrow, Jack de Los pilares de la Tierra, Jack de Pesadilla Antes de Navidad…)?. La serie ha seguido el camino normal de las series americanas: nacimiento en prime time, Internet, videojuego, muerte televisiva, y proyecto de largo en cine (Expediente X, Misión Imposible, Swat…). Ya esperábamos su desaparición, ha durado 8 temporadas pero le ha faltado un paso determinante que indicaría que iba seguir en parrilla: Jack Bauer no ha hecho anuncios de l’Oréal. Esa ha sido la pista.




