Tulsa y las tardes grises
Tulsa -
Tarde de autobús de otoño, gris y lluviosa. Una hora y media para llegar y no sé qué escuchar. Recomendaciones varias, algunas insultantes y otras inspiradoras: Ahí descubrí a Tulsa.
Aquella tarde se me sentó una señora al lado, de las que no conocen el concepto maleta y lo lleva todo en bolsas de plástico porque “Así lo tengo todo más a mano, nena”, por suerte no era de las que te cuentan su vida sin preguntarles. Me puse los cascos y empecé a adentrarme en el mundo de Tulsa.
La voz de Miren es completamente hipnótica, cuando la oyes se te van rasgando partes del alma recordando historias personales o metiéndote en lo que te va susurrando. Rara vez un grito tan helado pudo calmar tanto algunas heridas, jamás un susurro pudo estar tan lleno de belleza.
Tulsa no es un grupo como los demás, apenas se sabe de ellos y hasta que no han sacado el segundo disco verles en directo formaba parte de una utopía. Me resulta difícil pensar en un concierto suyo, ya que todos están demasiado lejos. Las fechas las podéis ver en su myspace.
Personalmente, me quedo con el primer disco, seguramente me entró más por el momento que vivía y por los recuerdos que evocaba. Canciones como “Ya no somos invencibles” o “Seguramente me lo merezco” son retales de vida que se cuelan en las entrañas gracias a la voz de Miren y el saber hacer de una banda que no tiene el reconocimiento que debería.
No es un grupo que vaya a sonar en las radiofórmulas (por suerte), mucha gente los habrá descubierto por la colaboración de Miren en lo nuevo de Bunbury, pero son mucho más que una canción a medias.
“Espera la pálida” es la consolidación de la banda como referentes del ya conocido y archicomentado (y por ende, criticado) estilo indie. “Algo ha cambiado para siempre” o “Alguien viene a por lo suyo” son canciones intensas y llenas de emociones, canciones que merecen ser escuchadas, no sólo oídas.
Tulsa puede tener toques algo melancólicos, mezclando la nostalgia con el pesimismo más absoluto y notas de realismo para después alternar con la irreverencia como en “Limonakis”.
De Tulsa es mejor no hablar, o no hablar en demasía, mejor dicho. Sin duda, es mejor oírlos, introducirte en la banda y disfrutarlos.

A la persona que me introdujo en estos mundos de rarunos.
- Vota:
- Compartir:
-
Favoritos
- Archivado en: El Rincón del Golfo
- Autor: Melibea






Érase una vez una niña tonta, tan tonta que cuando se miraba en los espejos era incapaz de salir de sus ensoñaciones narcisistas mientras acariciaba su larga cabellera morena para poder adentrarse en la realidad en la que vivía. Adolfita, que es como se llamaba nuestra protagonista estaba tan enamorada de sí misma que cuando vino su príncipe azul, lo usó sólo para darse placer y terminó tirándolo días después. Decidió entonces que usaría príncipes kleenex para poder preservar su encanto personal sin la necesidad de depender de un hombre, siquiera para el placer.
Créanme, hay otras formas de enseñar la equidad. Lo digo por experiencia, porque trabajo con el tema, me formo en él y veo muchísimas otras acciones que se realizan sin necesidad de gastarse semejante dineral (sea lo que sea me parece más caro que 10 €, lo que suelen costar los materiales que realizamos para trabajar este asunto) en un documento que no aporta nada más que la posibilidad de hacer dibujar (más) al alumnado de Educación Infantil. 
Se dice que muchas cosas se aprenden por repetición, pero es un grave error. Demasiadas teorías hacen ver que no es más que un mecanismo de aprendizaje poco significativo y que, a resumidas cuentas, no sirve de nada.
Hoy, después de la publicación de dos EP y la gestación de su primer disco, finalizada a finales de verano en Úbeda, a expensas de un alumbramiento cercano (la criatura viene con algo de retraso) no hace falta poner etiquetas que los encumbren a la escena indie, pop o rock de la música actual, sólo hay que trasladarse por un segundo a sus esquemas y adentrarse en su energía para comprender qué es, qué hacen y quiénes son Supersubmarina.
… y ganó una interminable legión de seguidores que se dedicaron a otear sus brillantes pasos en el horizonte del arte mientras no dejaba de deleitarlos con gramos de felicidad a los que llamó canciones.
Nos quejamos con una facilidad pasmosa de la prensa rosa, de sus métodos, criticamos sin cesar programas como el ya difundo “Aquí hay tomate” o nos escandalizamos viendo como en “Salsa Rosa” entrevistan a delincuentes, presuntas víctimas de violencia machista que rebajan la condición humana a límites insospechados. Todas esas quejas están fundadas, por supuesto, ¿pero qué pasa con los supuestos medios “serios”?
Sobresaltada por recuerdos de noches ya obsoletas y anticuadas me asaltan recuerdos de amores pasados. No los rechazo, adoro que me visiten de vez en cuando, que evoquen anhelos ya olvidados, antojos de besos tan irreales como deseados.
Me adentro aún más, y descubro sensaciones que sólo yo podía haber traducido en el placer que comienza a asomar tras mis manos. Me doy más, me doy lo que merezco, porque sé hasta dónde puedo llegar. Porque me conozco, porque me gusto. Me disfruto.
Así fue como sucedió, mi primer TAC, fue tan… especial. De primeras me sorprendió ver que tenía una máquina para hacerlo en casa, pero no quise preguntar, él era neurocirujano y yo no era nadie para indagar en su pasado, ya habría tiempo.
"La noche está estrellada, y tiritan, azules, los astros, a lo lejos"
”Porque nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos”




