Tulsa y las tardes grises

Tulsa - Seguramente me lo merezco

Tarde de autobús de otoño, gris y lluviosa. Una hora y media para llegar y no sé qué escuchar. Recomendaciones varias, algunas insultantes y otras inspiradoras: Ahí descubrí a Tulsa.

Aquella tarde se me sentó una señora al lado, de las que no conocen el concepto maleta y lo lleva todo en bolsas de plástico porque “Así lo tengo todo más a mano, nena”, por suerte no era de las que te cuentan su vida sin preguntarles. Me puse los cascos y empecé a adentrarme en el mundo de Tulsa.

La voz de Miren es completamente hipnótica, cuando la oyes se te van rasgando partes del alma recordando historias personales o metiéndote en lo que te va susurrando. Rara vez un grito tan helado pudo calmar tanto algunas heridas, jamás un susurro pudo estar tan lleno de belleza.

Tulsa no es un grupo como los demás, apenas se sabe de ellos y hasta que no han sacado el segundo disco verles en directo formaba parte de una utopía. Me resulta difícil pensar en un concierto suyo, ya que todos están demasiado lejos. Las fechas las podéis ver en su myspace.

Personalmente, me quedo con el primer disco, seguramente me entró más por el momento que vivía y por los recuerdos que evocaba. Canciones como “Ya no somos invencibles” o “Seguramente me lo merezco” son retales de vida que se cuelan en las entrañas gracias a la voz de Miren y el saber hacer de una banda que no tiene el reconocimiento que debería.

No es un grupo que vaya a sonar en las radiofórmulas (por suerte), mucha gente los habrá descubierto por la colaboración de Miren en lo nuevo de Bunbury, pero son mucho más que una canción a medias.

“Espera la pálida” es la consolidación de la banda como referentes del ya conocido y archicomentado (y por ende, criticado) estilo indie. “Algo ha cambiado para siempre” o “Alguien viene a por lo suyo” son canciones intensas y llenas de emociones, canciones que merecen ser escuchadas, no sólo oídas.

Tulsa puede tener toques algo melancólicos, mezclando la nostalgia con el pesimismo más absoluto y notas de realismo para después alternar con la irreverencia como en “Limonakis”.

De Tulsa es mejor no hablar, o no hablar en demasía, mejor dicho. Sin duda, es mejor oírlos, introducirte en la banda y disfrutarlos.


A la persona que me introdujo en estos mundos de rarunos.

04/05/2010

Miembras que vetan cuentos

Érase una vez una niña tonta, tan tonta que cuando se miraba en los espejos era incapaz de salir de sus ensoñaciones narcisistas mientras acariciaba su larga cabellera morena para poder adentrarse en la realidad en la que vivía. Adolfita, que es como se llamaba nuestra protagonista estaba tan enamorada de sí misma que cuando vino su príncipe azul, lo usó sólo para darse placer y terminó tirándolo días después. Decidió entonces que usaría príncipes kleenex para poder preservar su encanto personal sin la necesidad de depender de un hombre, siquiera para el placer.

Así es como deben creer los señores de ABC y La Razón que van a ser los cuentos que propone el Ministerio de Igualdad para promover una educación basada en valores que implican la igualdad (valga la redundancia) entre hombres y mujeres.

Primer error: Para el Ministerio. No somos iguales, señora Aido. Si no lo somos, ¿por qué se nos insta constantemente a serlo? ¿Tan difícil es aprenderse la palabra equidad? Porque sí, señora Ministra, equidad sí que implica igualdad entre hombres y mujeres. ¿Por qué yo, mujer, querría ser igual que un hombre? ¿O él igual que yo? Luchemos más bien por la equidad, que nos hará llegar a la igualdad de condiciones y a lo que ustedes pretenden.

Segundo error: Señores del abecedario y razonadores compulsivos. ¿Han leído ustedes la guía completa? De hecho, ¿tienen ustedes nociones sobre docencia o se guían (una vez más) sólo por sus ideas? Cuando pasen tres años estudiando Magisterio, vienen y me cuentan qué errores le ven, porque didácticamente, no aporta nada. Pero eso lo digo yo, que me tengo que tragar sus comentarios viendo que lo único que hacen es criticar por criticar. Mi más sincera enhorabuena, de nuevo.

Tercer error: ¿Aprenderán ustedes, sectores de la derecha más añeja a superar algún día el término “miembra”? ¿Comprenderán que no es necesario mofarse continuamente de eso? Aclaración: Me parece una atrocidad lo que esta señora dijo en su momento, pero más atroz aún me parece que se la recuerde únicamente por esta afortunadísima palabra y no por los desaciertos que está cometiendo en un ministerio que se paga entre todos/as.

Créanme, hay otras formas de enseñar la equidad. Lo digo por experiencia, porque trabajo con el tema, me formo en él y veo muchísimas otras acciones que se realizan sin necesidad de gastarse semejante dineral (sea lo que sea me parece más caro que 10 €, lo que suelen costar los materiales que realizamos para trabajar este asunto) en un documento que no aporta nada más que la posibilidad de hacer dibujar (más) al alumnado de Educación Infantil.

Revisando la guía me parece completamente insustancial, pero hace que los sectores de derecha sean capaces de atacar por… sí hombre, por lo que siempre atacan este tipo de iniciativas… por salir de la brillante mente de la Ministra. El tema de la necesidad de ese ministerio en nuestra sociedad (y con nuestra crisis) es tan largo que merece ser tratado de forma individual.

Hoy, Ministra, señores de ABC y de La Razón, les doy mi más sincera enhorabuena, pero antes, vayan un ratito a las aulas y me cuentan qué es lo que falla. Quizá los/as que estamos dentro ya tenemos una ligera idea.

Para quien tenga curiosidad, he aquí las fuentes:

ABC

La Razón

Y sí, esos cuentos contienen muchos estereotipos machistas, pero eso pierde valor sólo porque una miembra del gobierno lo ha dicho.

09/04/2010

De cómo el arte se hizo videoclip (y viceversa)

Hablar de videoclips es recordar, automáticamente, Thriller, algunas de las animaciones de The BeatlesThe man who sold the world de Nirvana o Bulería del gran Bisbal, por ejemplo. ¿Qué tenían en común? Grandes medios (sobre todo Bulería), coreografías míticas (véase la de Bisbal en la plaza de toros), creaciones originales (por decir alguno al azar, el fondo rocoso tras el de Almería en Bulería) y que todos ellos acompañaban a grandes canciones (no hace falta decir cuál mentaría).

Sin embargo, cuando descubres que videoclips que están hechos (aparentemente) de forma sencilla, en cocinas en la que cualquiera de nosotros podemos hacer incendios, que seducen gracias a imágenes lentas y, sin embargo, llenas de una calidez y frialdad a la vez y una cadencia imposibles de representar para la mayoría de nosotros (realmente hablo por mí); es cuando descubres lo que es el arte.


¿Quién es la culpable de todo esto? Lyona.

No entiendo absolutamente nada de cine, videoclips (de hecho ni siquiera sé si el plural de videoclip es videoclips), planos, medios tiempos, largos tiempos o cualquier cosa, pero sé lo que me gusta, lo que me llega y lo que no. Y todo lo que hace Lyona, me llega.


De ideas que, a priori, parecen sencillas ella genera obras de arte. Véase “El Incendio” de Sidonie, una pareja enfrentada por un muro que no les permite consumar su deseo, muro que, finalmente es derruido por el ímpetu que destilan ambos.

Otro ejemplo podemos encontrar en “Te odio” de Los Seis Días y Santi Balmes. No sólo me fijé en la maravillosa criatura que es el cantante de Love of Lesbian, también reparé en cómo mi piel se erizó cuando lo vi por primera vez hace ya más de medio año. La voz de la cantante, Nereida, sumada a cómo trata las escenas Lyona y la precisión de las miradas captadas por su cámara te llevan a adentrarte en el, ya tratado, mundo del odio mezclado a partes iguales con la melancolía que emana de la impotencia que supone no tener lo que anhelas.

Sin embargo, la descubrí con “Universos infinitos” de LOL. Sorprendente, esa fue la palabra, de una canción que ya de por sí me dejaba cegada conseguí quedarme más atontada aún (sí, era posible) gracias al videoclip. A priori, sencillo, fotos que se van sucediendo y creando una imagen contínua. ¿Pero qué hay de las historias de amor de lámparas, zapatos y canicas? ¿Quién no ha sentido el erotismo en el soldadito de plomo que monta al caballo? 

La gran confirmación como maestra de la dirección para gran parte del público viene de la mano de los videoclips que ha hecho con Love of Lesbian. Muchos la han conocido gracias a la historia de dos jóvenes (Carlos y Marina en la vida real) contada gracias a pedacitos de cielo del disco 1999 (O cómo generar incendios de nieve con una lupa enfocando a la luna) convertidos en videoclip. Partimos desde, el ya mítico, “Club de fans de John Boy” pasando por “Allí donde solíamos gritar”, la magnífica animación “casera” de “Te hiero mucho (Historia del amante guisante)” y, el recién estrenado, “Segundo Asalto”. En ellos hila con maestría el momento de una ruptura plasmando momentos que, posiblemente, muchos de los que leamos esto hemos vivido. 

Siempre tuve la convicción de que las canciones se hicieron para ser oídas, vividas y modificadas cuando entran en la vida de cada persona que las escucha. Con Lyona tengo, además, la seguridad de que todos y cada uno de sus videoclips consiguen hacerte parte de la canción al conseguir darles una nueva dimensión.

Si me preguntan qué es el arte huiré de frases hechas y podré decir segura que arte, en parte, es lo que hace Lyona con su cámara. Si ya os ha picado la curiosidad, en su myspace tenéis más perlas. 


A Lyona, nuestra héroe total.

20/01/2010

Insisto, Supersubmarina

Se dice que muchas cosas se aprenden por repetición, pero es un grave error. Demasiadas teorías hacen ver que no es más que un mecanismo de aprendizaje poco significativo y que, a resumidas cuentas, no sirve de nada.

¿Por qué acudo entonces a ella? Para volver a hablar de lo que comenzó siendo un grupo y ahora es una pasión: Supersubmarina. No me atenderé a motivos personales, simpatías o gustos para dar fe de lo que es calidad; eso lo podéis sentir vosotr@s mism@s al entrar en su myspace.

Tal vez los olivos se hayan quedado obsoletos ante tanta parsimonia y movimiento inútil de todos los que aún no han aprendido a moverse entre estas tierras inmunes al tiempo. Por eso no deja de sorprender y agradar que ellos sean de aquí y hagan de la calidad su seña de identidad.

El primer día que tuve la suerte de ver un directo suyo llovía de una forma desaforada y todo invitaba a quedarse en casa viendo alguna de Versión Española, pero las ganas eran inmensas, el interés crecía a medida que el reproductor iba soltando las pequeñas joyas de la maqueta de estos cuatro baezanos y, acompañada de los pitillos de rigor, me fui a la difunta y renacida sala Iroquai de Jaén.

No sé si fue el ambiente, éramos los justos (vamos, pocos); la música, el sonido, las miradas cómplices, la tenue iluminación de la sala o el frío, pero la noche resultó ser perfecta. Ése fue el primero de muchos otros conciertos y la certeza de lo bien hecho, de la calidad y de la evolución me hacen volver a escribir sobre ellos.

¿Por qué? Insisto, myspace.

Desde entonces, han sido varios los directos disfrutados gracias a su energía, con la alegría de ver que con cada concierto nos íbamos encontrando cada vez más fieles hasta llegar a llenar salas y hacernos vibrar en cualquier sitio donde se diera un concierto suyo.

Hoy, después de la publicación de dos EP y la gestación de su primer disco, finalizada a finales de verano en Úbeda, a expensas de un alumbramiento cercano (la criatura viene con algo de retraso) no hace falta poner etiquetas que los encumbren a la escena indie, pop o rock de la música actual, sólo hay que trasladarse por un segundo a sus esquemas y adentrarse en su energía para comprender qué es, qué hacen y quiénes son Supersubmarina.

No se trata sólo de un grupo de música, no hay más que pararse a escuchar sus letras: ¿Quién no ha recurrido a OCB para aliviarse? ¿Quién no ha conocido a alguna Ana? Todas esas canciones nacen de la mente y el arte de Jose Chino, Jay, Pope y Juancha; habitantes de un pueblo (Baeza) de apenas 16000 habitantes en el que componen y traman todas sus genialidades en su local de ensayo mientras intercalan estudios y conciertos por salas de toda España en las que ya han alternado con grandes de la música como Lori Meyers, Iván Ferreiro, Sidonie, Vetusta Morla, Russian Red o Pereza.

¿Cómo convenceros? Fácil: 10 de Diciembre, sala Cormorán de Valencia, junto a Sidonie los tendréis haciendo lo que mejor saben: música. Su música.

Puede que no sea demasiado objetiva al hablar de ellos y de toda la esfera que les rodea, pero sí puedo afirmar con la certeza de saber lo que es bueno que ellos lo son.

Medio año después, y por mucho tiempo, esperemos que sigan llorando que estaba escrito en su su su su su destino, porque el arte tiene su momento y ahora empieza el de Supersubmarina.

09/12/2009

Zahara, la chica que perdió aviones…

… y ganó una interminable legión de seguidores que se dedicaron a otear sus brillantes pasos en el horizonte del arte mientras no dejaba de deleitarlos con gramos de felicidad a los que llamó canciones.

No recuerdo el día ni el año, ni siquiera qué iba a cantar esa tarde. Sé que las dos subimos al escenario del colegio y deleitamos a todos los que estaban allí con nuestro arte. El suyo perduró, el mío se perdió en el tiempo entre vestidos de mexicana y actuaciones fallidas.

Esa fue la única ocasión en la que compartimos escenario. Aquél día fue diferente, dos vestidos blancos se aliaron sin premeditación alguna en una tarde en la que el calor fue el gran protagonista. Sucumbí ante las gradas de aquel auditorio y nos dirigimos hacia ellas. La mezcla de nervios, calor y cansancio no hizo mella y, al ver los globos coronando el escenario, presagié algo grande.

Estaba pasando otra vez.

Salió tímida y emocionada, justo al verme me saludó, reaccioné con la sonrisa más sincera y agradecida. Justo antes, había hablado con su madre, Beni, quien nos anunció que no nos dejaría con las ganas; justo al verla comprendí que tenía razón.

Mientras cantaba, acarició emociones y tradujo sentimientos encontrados que mezclaban la melancolía con el dolor y el enfado de amores marchitos que no tienen el valor suficiente para quedarse mientras se fusionaba con la alegría de cuatro chicos fabulosos que la acompañaban aquella noche haciéndola irradiar más luz de la que ya de por sí posee.

Trastoca las emociones de los que estamos allí y mientras mima a su guitarra rodeada por un silencio sepulcral consigue emocionar a todos los presentes con su timidez, su desparpajo, su risa, sus miradas cómplices, sus dedicatorias, su agradecimiento por estar en su ciudad, Úbeda; su arte. Su esencia.

Nos regala “Ojos verdes” y al levantarnos para aplaudir nos acercamos aún más a ella, la saludas y te mira directamente, te hace sentir importante porque parte de lo que hace lo dedica a ti, una parte de lo que es Zahara lo hacemos todos los que la seguimos, todos los que nos ilusionamos yendo a comprar su disco, todos los que lloramos oyendo “Con las ganas” o “Funeral”, porque constituye una parte de ti. Zahara es para nosotros, y nosotros hacemos una pequeña parte de Zahara.


Ella es sensibilidad mezclada con gracia a partes iguales, sabe perfectamente conectar con todos los que se acercan a ella y su candidez y dulzura te adentran en su mundo sin apenas darte cuenta. Un mundo lleno de franqueza, de alegría mezclada con melancolía, de gramos de felicidad en pequeñas dosis a las que ella llama canciones.

Zahara es magia elevada a esa potencia a la que llaman arte. Mezcla la autenticidad con las ganas de conquistar y se sabe triunfadora, porque llega a todos y, sin embargo, es la única portadora de su esencia.

No lo pensé así en ningún momento, ni siquiera fui consciente de dónde me metía cuando la oí por primera vez, no sé en qué momento entró en mi mundo, no sé cómo salió desde Úbeda, nuestra ciudad, al mundo… No lo sé, porque Zahara ya era muy grande antes de dar a luz a La fabulosa historia…

Zahara, pierde más aviones, por favor… sigue haciéndonos rodar con tu música.

Tú nos llevas…

06/08/2009

La (Sin)Razón



Según la RAE, un/a periodista es la persona profesionalmente dedicada en un periódico o en un medio audiovisual a tareas literarias o gráficas de información o de creación de opinión.

Me hablan de la muerte de un hombre que perteneció al jurado de Supermodelo, ese gran programa que colmó todas nuestras vidas y resolvió todas las incógnitas posibles sobre los interrogantes universales que acechan al ser humano: ¿De dónde venimos? ¿Dios existe? ¿El rosa combina con el rojo?

Por simple curiosidad miro qué ha pasado y voilá, en ese gran periódico de tirada nacional conservador hasta límites que llegan al olfato me encuentro un vídeo escalofriante, el momento en el que este hombre se arroja desde su piso al producirse un incendio en el inmueble.

No es perpleja la palabra que me define en ese momento, lo que siento es vergüenza, no sé qué clase de periodismo es ése. ¿Es necesario colgar un video en el que se plasma la desesperación más absoluta que puede sufrir un ser humano? ¿Es necesario recurrir a ese tipo de morbo?

Nos quejamos con una facilidad pasmosa de la prensa rosa, de sus métodos, criticamos sin cesar programas como el ya difundo “Aquí hay tomate” o nos escandalizamos viendo como en “Salsa Rosa” entrevistan a delincuentes, presuntas víctimas de violencia machista que rebajan la condición humana a límites insospechados. Todas esas quejas están fundadas, por supuesto, ¿pero qué pasa con los supuestos medios “serios”?

Siguiendo la definición antes dada, la noticia, en principio, cumple todos los requerimientos para considerar a quienes se encargaron de publicar ese vídeo en una página a la que cualquiera (niños incluidos) puede tener acceso. Pero, ¿Hasta qué punto es legítimo dar esa información gráfica o crear “opinión” basándose en un suicidio?

No es periodismo, es morbo. Son ganas de vender, la información que ahí se ofrece no es pertinente para entender la noticia. No es necesario ver el suicidio de alguien para entender cómo se ha producido su muerte.

Un poco más de respeto y menos morbo, señores y señoras de La SinRazón.

26/06/2009

Margot

Sobresaltada por recuerdos de noches ya obsoletas y anticuadas me asaltan recuerdos de amores pasados. No los rechazo, adoro que me visiten de vez en cuando, que evoquen anhelos ya olvidados, antojos de besos tan irreales como deseados.

Se acercan a mí, me acarician, no hay química que pueda explicar los procesos que poco a poco me evocan estremecimientos provocados por cuerpos desconocidos que poco a poco se abrieron camino entre mis entrañas; cuerpos oscuros llenos de deseos gritados a media voz, de susurros de intenciones y de caricias inesperadas.

No tengo por qué esperarles, no tengo por qué renunciar a mí: A lo que yo me doy. Abandono pensamientos pasados y me centro en el momento. En lo agradable de mi piel, en cómo poco a poco la voy despertando mientras los ojos empiezan a entornarse.

Me mimo, me acaricio, me susurro cosas en silencio y las ideas se solapan mientras mi cuerpo poco a poco se funde con lo que me rodea, haciendo partícipe a mi pelo de cómo la excitación va creciendo, de cómo me voy abandonando en pro de mí misma.

De mí, para mí, por mí, sin nadie más que no sea yo. Porque no lo necesito, tengo bastante conmigo, con mis manos, con mis caricias furtivas, con cambios de intensidad de los que, sólo yo, soy dueña.

Me dirijo, cambio de posición en un acuerdo tácito con mi cuerpo, cada vez más implicado en lo delicado del asunto, cada vez más deseoso de recibir lo que en un principio no esperaba. Sé que me adora, lo noto. Me noto.

No cesan las caricias y vuelvo a recurrir a mi pelo, recorro poco a poco las partes de mi cuerpo que van desde mi nuca hasta mis piernas. No ceso en mi empeño. En mi necesidad.

La respiración aumenta el ritmo, varía. Se relaja y me da una tregua, como pidiéndome más, dándome a entender que estamos en perfecta sincronía, haciéndome ver que no hacen falta cuerpos extraños para hacerme sentir así.

Mis pies acarician las sábanas, noto cómo sienten todo lo que les rodea mientras mis manos se detienen en mi ombligo, principio y final de todo.


Me gusta sentirme así, más mía que nunca. Más cerca de mí de lo que ya de por sí estoy. Más segura. Más excitada. Más yo. Más cerca de lo que ya llega. Por mí, para mí, conmigo.

Porque en ese momento no me importan pensamientos absurdos sobre lo que hago, me da igual lo que piense quien está al otro lado de la pared, porque no caigo en ninguno de los clichés sobre mi placer.

Me adentro aún más, y descubro sensaciones que sólo yo podía haber traducido en el placer que comienza a asomar tras mis manos. Me doy más, me doy lo que merezco, porque sé hasta dónde puedo llegar. Porque me conozco, porque me gusto. Me disfruto.

Y no hay nada más obsceno que mi propia soledad, nada más provocador que yo misma, nada más ruidoso que mi respiración inquieta, nada más sentido que mis propias sensaciones, nada más descarado que los roces de mi piel adentrándose en los vértices de mi cuerpo.

Finalmente aparece, lo hace justo cuando comienzo a necesitarlo. No tenía pensado que surgiera pero ahí está: deseado y exitoso.

No me hace ser más ni menos que nadie, me hace ser yo. Porque no hacen falta dos para sentir.

Porque sola sí tiene gracia y placer.

24/06/2009

¿Qué es neurocirugía?

Recuerdo que era un día azul de otoño, yo venía del laboratorio en el que estaba probando un fármaco para la alopecia masculina. ¿Por qué yo? Por la crisis, no tenía dinero y la prostitución, a excepción de la sentimental, no se me daba del todo bien. Necesitaba poder pagar mi madriguera y no encontraba trabajo, por lo que tuve que recurrir a aquello y, a pesar de los míseros 15000 euros por sesión que me pagaban, pude ir saliendo a flote. Fue entonces cuando pasó.

Nos conocimos en el sitio más romántico del mundo. Yo estaba sentada en una mesa, al fondo del establecimiento, rodeada de gente y apareció él, avanzaba como si un cúmulo de luz le fuera precediendo y por momentos sospeché que “Sorpresa, Sorpresa” había vuelto a emitirse. Pero no, era él; mientras avanzaba iba iluminando con una linterna todos los rincones que iban sucumbiendo a su paso. De repente, me miró, sentí cómo me deslumbraba y cuando apartó la luz de mis ojos, mis piernas empezaron a temblar. Me preguntó si me iba a quedar el juguete y yo le respondí que sí, que para algo me había comprado el Happy Meal.

Acto seguido y casi sin mediar palabra comenzó a acariciar mi pelo y bajar hasta mi nuca. Susurró entonces las palabras más bonitas que me han dicho hasta ahora “Tienes el bulbo raquídeo más perfecto que he visto en mi vida” Supe entonces que era neurocirujano y que yo… yo me convertiría en la musa con la que experimentaría.

Comenzamos a hablar y surgieron los temas típicos de todas las relaciones incipientes: grupo sanguíneo, enfermedades congénitas, herencia genética… Sentía que a pesar de lo tópico de la situación esta vez era diferente.

Después me propuso algo que me sonó distinto a todas las demás veces que me lo habían dicho “Vente a mi casa, quiero hacerte un TAC” No soy una chica fácil, pero ante ese tipo de propuestas me es difícil decir que no.

Así fue como sucedió, mi primer TAC, fue tan… especial. De primeras me sorprendió ver que tenía una máquina para hacerlo en casa, pero no quise preguntar, él era neurocirujano y yo no era nadie para indagar en su pasado, ya habría tiempo.

Nuestra relación pasó por los típicos estadios que atraviesan todos los noviazgos cuando empiezan, conocí a las ratas con las que experimentaba, me explicó cómo funcionaban todos sus aparatos y cada noche mientras analizaba mis resultados, inventaba versos para mí. “¿Qué es neurocirugía? Dices mientras trepano tu cerebro. ¿Y tú me lo preguntas?, Neurocirugía… eres tú” Como veis, era todo un poeta, un Miguel Servet del siglo XXI.

La relación avanzaba y se consolidaba, llegó un punto en el que ponerme en sus manos dejó de ser un placer para convertirse en la más bella de las costumbres. No había día que no me repitiera incesantemente lo mucho que le llenaba mi presencia y cuánto le ayudaba para su investigación. A mi no me importaba que de vez en cuando me hiciera unas cuantas incisiones y trepanaciones si eso le servía para avanzar en su trabajo.

Recuerdo que un día, cuando trataba de controlar mis funciones del lenguaje me dejó sin habla, de primeras me asusté un poco, pero cuando me explicó que lo hacía para avanzar porque mis movimientos fonoarticulatorios le llegaban a irritar no pude hacer más que callarme. No tenía otra opción.

Todo cambió el día que volvió a trepanarme y recuperé el habla. De repente aparecieron muchos señores por allí, me llevaron a congresos y salimos en una revista especial llamada Science. Yo nunca había oído hablar de ella, siempre fui más del Vogue, pero mis padres al verme se sintieron muy orgullosos.

Lo peor llegó cuando descubrí que en aquellos congresos había más gente como él, y lo que era peor: tenía otros pacientes. No supe cómo tomármelo, trató de explicármelo justificándose con no se qué tontería del juramento hipocrático y otras mentiras más.

Decidí dejarle y empezar de nuevo. Fue duro, yo había perdido el pelo porque cuando empecé con él abandoné esa miseria de experimento para el medicamento de la alopecia masculina; anduve vagando por todos los Mc Donald’s de la ciudad (uno) para ver si conocía a alguien como él.

Aún hoy, cuando toco las múltiples cicatrices que dejó en mi cabeza siento pena y dolor. Pena porque acabó, y dolor porque dejó dentro de mí un clavo que aún nadie ha podido sacar, y no hablo en sentido figurado. Pero esa, es otra historia…


 

05/06/2009

La noche está estrellada...

Lee mientras escuchas: Arturo Puig - Poema 20 Pablo Neruda


"La noche está estrellada, y tiritan, azules, los astros, a lo lejos"


Siete de la mañana y aún no ha amanecido. El sol respeta nuestra tregua de silencio mientras miramos hacia ninguna parte.

Vencidas las ganas de intentarlo otra vez sólo queda el silencio, repleto de gritos a media voz que hacen correr lágrimas por sus manos.

− Tranquila, está todo bien.

Demasiados susurros sin palabras que me hacen caer en la cuenta de que todo ha vuelto a pasar. Estamos ahí, frente a la misma pared que, después de años, comienza a ser tintada por Kore, Napi y alguno más; en el mismo escalón que albergó los primeros besos, suspiros y gemidos; en la misma calle que nos integró en su silencio atronador.

”Porque nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos”

Porque pasó demasiado tiempo, demasiadas miradas perdidas, demasiadas sábanas por cambiar que delataban la presencia de otros, demasiados sitios sin compartir. Porque demasiado siempre fue poco para nosotros.

“Porque en noches como ésta, la tuve entre mis brazos”

Cansado, se incorpora a mi lado, me mira y me sonríe. Cubre mi espalda tratando de protegerme y atenta contra mi pelo mientras revuelve mis rizos.

Y no, no habrá más, será ésta la última antesala de gritos silenciosos, de peleas en paz, de hielo que ya no congela, de palabras que ya no calman.

“Aunque éste sea el último dolor que ella me causa, y éstos sean los últimos versos que yo le escribo”

14/05/2009

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