Top 10 de 2013: Discos

Escrito por Nico San Juan
Categoría: Música Publicado: Martes, 07 Enero 2014

Sólo pedir que los años musicales venideros sean tan benévolos y generosos como este 2013. Parece que ha habido un acuerdo mutuo de la mayoría de bandas por volver a la senda discográfica, y que gracias a ello hemos podido disfrutar de una infinidad de nuevos y excelentes trabajos de grupos tan asentados como Daft Punk, Arcade Fire, Strokes, Arctic Monkeys, Queens Of The Stone Age, los suecos The Knife, James Blake, The National, Vampire Weekend o Arcade Fire, a los que hay que sumar nuevos trabajos de grupos más arcaicos como los Flaming Lips, My Bloody Valentine, Primal Scream o Wire.

Así que haciendo balance traemos un listado de los discos que por unos motivos u otros más han despertado nuestra atención. (Sin tener en cuenta lo que Burial acaba de lanzar, por tardón y porque así está un año sin monopolizar toda lista musical, que ya cansa.)

10. RjD2 – More Is Than Isn’t


Desde su debut con aquel maravilloso Dead Ringer hace poco más de 10 años, RjD2 ha pasado con más pena que gloria para la gran mayoría de la población mundial. Él venía de la ya extinta formación de Soul Position, por lo que sus sonidos siempre han estado relacionados íntimamente con el Hip-hop, sonando demasiado sucio, oscuro y nada adictivo, así parecía lógica la poca atracción que generaba para todo aquél que se encontrase suficientemente lejos de este mundillo. Pero parece que John Krohn ha decidido salir de las sombras y hacer sonidos con más vitalidad, más alegres y con más alma o espíritu, haciendo el trabajo más vocal de toda su carrera. Para este último álbum ha contado con infinidad de colaboraciones que han dado voz a las creaciones de John, dotando su música de un enfoque más soul, más facilón y más tentador. Pero aún así, no han quedado fuera los guiños a su apariencia desordenada y sombría a las que nos tiene acostumbrados como en A Lot of Night Ahead of You o a su interés por el Jazz en Got There, Sugar?. Un disco mestizo entre esa electrónica apagada que se escapa de los rincones más tenebrosos y la vitalidad sofocante y bailable de un registro vocal vitalicio o del soul más temperamental.

9. Kanye West – Yeezus


Kany West consigue hacerse notar año tras año, convirtiéndose lo más parecido a un ser omnipresente que toca absolutamente todas las facetas de la música. Como un dios de la industria musical que va acumulando premios y galardones en su estantería casi sin proponérselo y perfilándose como uno de los personajes más polifacéticos del mundo, sin demasiado ruido, pero a velocidades de vértigo. Ya sea por su música, por su papel como productor y diseñador,  por las innumerables colaboraciones que realiza con los diferentes artistas del planeta entero o simplemente como puro marketing, Kanye West parecía un ser que tranquilamente iba a estar en la cresta de la ola, pero más por su multifunción que por sus méritos propios como rapero. Desde su añorada época dorada de principios de siglo donde publicó consecutivamente el College Droput y el Late Resgistration, el magnate norteamericano se había resguardado en su zona de confort para que su estatus se mantuviese; pocos excesos, poca iniciativa y poca hambre de demoler e innovar, buscando ganar la batalla con pausa y sin arriesgar, con ayuda -y prácticamente desde la chepa- de una infinita red de contactos, pero sobretodo cogiendo el rebufo desde la sombra del ascenso del rey Shawn Carter.

Pues bien, con todo esto parece que el 2013 ha sido el año de la erupción violenta de la creatividad del rapero americano, quien ha traído un trabajo corto pero egocéntrico en el que se bate en duelo con los dioses (I’m a God), se muestra fuera de control en Black Skinhead o se detiene a hacer un guiño a Nina Simone en Blood On The Leaves. Para ello ha contado con un auténtico batallón de productores (como Rick Rubin o Daft Punk) que han dotado el disco de un aura chulesca, pedante y sombría, que unas veces recuerda al sonido más punk y otra a la electrónica más agresiva. Un Kanye West rabioso que acaba por ser convincente mientras adquiere y propulsa todo tipo de sonidos con los que se ha topado, mostrando ahora más que nunca su poderío y su criterio musical, haciendo cosas tan interesantes como esa Hold My Liquor de la que también Justin Vernon forma parte. Un claro ejemplo de la implosión que un artista puede sufrir, apuesta arriesgada pero que nos ayuda a adivinar de que West está donde está no solo por tanta pantomima que le rodea, sino porque además de ser uno de los productores más cotizados, es uno de los mejores raperos artísticos del momento.

8. Washed Out – Paracosm



La génesis de Washed Out fue el Within and Without  de hace unos años, el cual no era más que un intento rudimentario de hacer música con muy buen gusto y contando únicamente con la ayuda de lo poco que se tenía a mano. Ernest Greene se sumaba al movimiento Chillwave, el cual se caracterizaba por ese pop electrónico angelical en medio de un disturbio shoegaze generado con medios primitivos.
Para este nuevo álbum, Greene ha repetido la misma fórmula pero utilizado una infinidad de recursos con la idea de generar un ambiente paisajístico en cada uno de los temas de este Paracosm, donde cada canción parece mostrarnos un horizonte diferente. En comparación con las otras cosas que había hecho Ernest, este parece un trabajo más luminoso y más cándido que sus predecesores, los cuales resultaban quizá más lúgubres y tristones. Ayudándose de una propuesta audiovisual muy colorida consigue ofrecer lo que venía buscando, sumergirnos en ese mundo -unas veces tropical, otras paradisiaco- lleno de detalles con vitalidad propia.

7. Theo Parrish – Black Jazz Signature


De la mano de Theo Parrish nos llega una selección más que curiosa de pequeños resquicios que habían caído en el olvido, o peor aún, o en lo desconocido del vasto e infinito terreno musical. Parrish se ha puesto a excavar en un punto concreto de la historia del Jazz para sacar a la luz concretas glorias que se encontraban en un segundo plano por el poco empuje que su género les ocasionó por aquél entonces.

Durante los primeros años de la década de los 70 tuvo una diminuta explosión musical de la cultura Afro-americana que originó una diminuta dicotomía de la rama principal del jazz más experimental. Theo Parrish ha hecho un mix de lo que intuyo yo que serán sus piezas preferidas de aquella época dorada del sello “Black Jazz Records”, donde encontramos temas de artistas como Gene Russell (fundador del sello), del guitarrista Calvin Keys o de The Awakening y sus hiperactivos sonidos. De lo que en su época era la representación más fresca y alternativa del jazz tradicional, ahora, 40 años después, nos llega una selección sencillamente genial, perfectamente equilibrada y anillada.

6. Youth Lagoon – Wondrous Bughouse


Este es el segundo álbum que lanza el músico Trevor Powers en tan solo 3 años. En él encontramos una paráfrasis de lo que ya nos había presentado; sonidos, sonidos y más sonidos distintos empaquetados en canciones de noise-pop pero dentro de un marco colindante con la psicodelia. Mientras que en el primer álbum el californiano se veía más cómodo buceando en canciones profundas con una variante más ambiental, aquí nos muestra un mayor cuidado en los arreglos y en los detalles orquestados casi a la perfección. Es uno de esos discos que exigen su escucha en la intimidad, en el aislamiento, y con una buena acústica que nos permita no pasar por alto ninguno de los ecos, goteos y sonidos ambulantes que emanan de los sintetizadores y de esas guitarras cristalinas. La dirección hacia un fin más psicodélico se hace evidente en canciones como Pelican Man, la cual no desentonaría del todo dentro del Magical Mystery Tour o en The Bath. En definitiva, Youth Lagoon ha sabido rehacerse con esta construcción tan versátil, de la cual es imposible no salir asombrado tras su escucha.

5. Foals – Holy Fire


Era necesario una nueva aparición de los británicos para confirmar lo que parecían indicar en el Total Life Forever. Foals ha conseguido dotar a su música de una personalidad única. Andrew Meats y los suyos han encontrado el lugar donde el rock bailable y el pop más meloso se estrechan la mano bajo la atenta mirada del espacio infinito, donde atraen al oyente por sus melódicas y rítmicas guitarras tan seductoras, y con las que consiguen además alcanzar el subconsciente y dejarnos suspendidos en un mar idílico de sensaciones prácticamente inagotables de ese cosmos que sólo sus canciones son capaces de originar.
En realidad Holy Fire es un auténtico recorrido por el espacio metafísico de la mente humana si se escucha en el orden que nos proponen. Prelude y su  hipnótico temperamento nos hacen evidente una paulatina lejanía de la superficie terrestre, inmovilizando y precipitando al más allá a todo tripulante, lejos del mundo real. Con sumo cuidado se atraviesan los momentos más moviditos y vitales como inhaler y Out of The Woods para dejarnos en un coma inducido para los instantes mágicos y eternos que se experimentan en Stepson y llegar en completa intimidad al mundo paralelo y apaciguado que es Moon, donde desearemos quedarnos toda una vida. Ratificación del don trascendental y espiritual que ya mostraron en su anterior trabajo.

4. Bonobo – The North Border

Podríamos estar hablando aquí de Bonobo por este trabajo o por cualquiera de las infinitas cosas que nos ha regalado este curso. El productor y compositor británico continúa con su perfecta evolución sonora, la cual le está permitiendo meter pie y medio en el mundillo downbeat más moderno utilizando recursos más acordes con lo que se viene haciendo últimamente. Mientras que en Black Sands parecía mostrarnos tal cual era el mundo para Simon Green, ahora recurre a recursos que nos acercarán más a la música de Four Tet , como en Cirrus o incluso a esa variante más oriental que monopoliza Gold Panda en Ten Tigers. Pero es que además, Green parce haber escondido meticulosamente algún que otro detalle que acaba por conseguir que el álbum resulte todavía más polifacético de lo que a priori puede semejar, dejando hueco para algún ápice de pop-soul (con las colaboraciones de artistas como la estadounidense Erykah Badu en Heaven For The Sinner o la de Cornela en Pieces) que acaba por conceder una mayor personalidad. Aunque en realidad, la principal baza de este North Border es que está producido con sumo cuidado, consiguiendo que suene todo él como una esfera sin fisuras, generando un bloque sonoro que incita a que sea un componente más en los días lluviosos de otoño. En cualquier caso, ver a Bonobo manejarse con tanto equilibrio y habilidad trabajo tras trabajo sin titubear ni relajarse, hace fácil de preveer que acabará por convertirle en uno de los abanderados –si no lo es ya- de esta nueva avalancha de artistas que está dando la electrónica actual.

3. Atoms For Peace – Amok


Yorke siempre ha mostrado ese interés enfermizo hacia el sonido caótico y la belleza del desorden, mostrándose cada vez más alejado de los colores cálidos que desprende ese pop-angelical o de la esencia guitarrera y luchadora del rock más salvaje. En esta ocasión, el estar bajo la fina tutela de Godrich y el impulso enérgico del Red Hot Chili Peppero Flea no iba a suponer ningún tipo de represión para su creatividad, sino más bien una fuente donde rejuvenecer.

Resulta obvio que el de Oxford ha estado recreándose en el fango de la variante más garage de la música que componen artistas como Burial o de una vertiente más techno al estilo de Modeselektor, y que es de ahí de donde han salido en parte canciones como Judge, Jury and Executioner o Unless. El álbum encierra un dinamismo musical imposible de preveer (como en Before Your Very Eyes o Dropped), sonidos incatalogables de rítmicos goteos sobre superficies acuosas (Ingenue) o el conglomerado de chasquidos y detalles sonoros que se ponen de acuerdo en Default. Estructuras aparentemente opacas que ceden y se vuelven permeables a la voz inconfundible de Thom Yorke, dotando al álbum de genialidad y originalidad. Parece que Thom continua negándose a cavar su tumba creativa, y todavía logra sonar novedoso e innovador siguiendo su instinto animal que le guía directamente hacia el lado más experimental y amargo de la música, creando siempre un poco de holgura en las manillas de la invención, haciéndolas ceder un poquito más, y un poquito más, y un poquito más. ¿Algún día tocará fondo, y caerá en el bucle vicioso de autocomplacerse una y otra vez recurriendo a lo que ya ha hecho? Si ese momento ha de llegar, todavía nos encontramos bien lejos.

2. Moderat – II

Después de su homónimo debut en 2009, el trío compuesto por Modeselektor (Gernot Bronsert y Sebastian Szary) y Apparat (el incombustible Sascha Ring) decidió tomarse un descanso para que cada uno librase la guerra por su cuenta. Aún así, la súper formación con base en Berlín se ha juntado puntualmente para aparecer en giras mundiales y algún que otro festival. Están tratando de vender la marca Moderat como algo exclusivo, y es que no es para menos. Aunque a primera vista Moderat sólo parezca una escusa para que Apparat resulte más techno, la realidad se encuentra bastante alejada de esta afirmación superficial. La música que hace este heterogéneo trío es una auténtica mezcla entre dos mundos con sustancia y estilos distantes que encuentran la armonía en universos hipnóticos, oscuros y mohosos. Este II encierra la esencia magistral que consigue crear Sascha Ring –ya sea con sus voces en falsete o con su compleja creatividad musical- pero ganando enteros con la cinética demoledora del dúo Berliner, originando un disco compacto que baila entre una infinidad de estilos como el reggae, el Indie, el techno o la música más ambiental. Originalidad, buen gusto y pluralidad es lo que en definitiva encontramos en este último trabajo, en el que a pesar de no sonar a ninguna de las cosas que hacen en solitario, se puede leer fácilmente lo que cada uno aporta al sonido final que consigue esta interesantísima unión.

1. Boards of Canada – Tomorrow’s Harvest


Quizá para muchos la aparición más esperada de este 2013, y es que Boards of Canada es prácticamente la tipografía de la totalidad de la música electrónica que se lleva practicando desde finales del siglo pasado en todo el mundo. Este dúo escocés lleva dedicando toda su existencia a asentar las bases de muchas de las ideas que hoy en día se conciben a cantidades industriales dentro de este género. Son el John Carpenter de la música electrónica, pero también el Mark Isham.
Su música en este nuevo trabajo se viste de largo, y busca un sonido infinito que discurre por esas pistas de larguísima duración, buscando explotar los miles de detalles que sólo ellos son capaces de generar, uniéndolos y homogeneizándolos en una misma canción. Esta vez, con Tomorrow’s Harvest nos traen los más parecido a un composición operística de música electrónica, volviendo a revolucionar la forma o la manera de concebir este estilo musical. Son atmósferas futuristas que se desarrollan lentamente y a las que uno se siente atraído calmosamente. Sonidos por lo general esperanzadores y poco perturbadores que nos sumergirán de inmediato en este mundo espacial que han conseguido ambientar. Música de una época que está todavía por llegar.