03/01/2009
Bla, bla, bla y bla...

Cama. Imagino pero no comprendo. Ambos cuerpos están tumbados en la cama, él boca abajo (pues como en el cine, un pene está mal visto), ella boca arriba (ya os decía, como en el cine). El brazo de él rodea la cintura de ella, son un lazo de piel sobre una cama en sombras, de ojos cerrados de paz, infinita. Están desnudos pero sólo en mi imagen, como en el cine, pues la realidad debió ser otra bien distinta.

Crisis. Lo inunda todo hasta el exceso, se funde con lo bueno y con lo malo, con la risa y con el llanto... alguien llora porque han despedido a un familiar cercano después de treinta años de (a la postre, cerdo servicio), y hay crisis... alguien ríe porque en el pub de moda de una ciudad cualquiera y cateta, su amigo beodo le pregunta que si no se ha dado cuenta de que hay crisis, entre empujones, haciéndose hueco en una barra pringosa y pegajosa, entre vasos, cubatas, brazos y humo, mucho humo. "Pues sí, a esta invito yo". Y hay crisis.

Autor: The hard men path
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09/12/2008

Hay noches que no indigestan por mucho que se repitan

Me hundo en la densa atmósfera de cualquier garito,
me fumo con la mirada los cigarrillos ajenos,
me acuesto con mujeres
que son el último grito
en mis somieres
y se arrodillan dispuestas para el rezo
en noches como ésta en que el corazón
es un gran confesionario
donde una muda le dice te quiero
a un sordo que la mira con lascivia.

Autor: NAS
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28/11/2008

Capítulo 7 - Celibato

Caigo desde la barra, cada atardecer, hacia las profundidades de un abismo interior complicado de explicar. En primer lugar, os diré que he decidido apostar firmemente por el celibato. Sí, ya sé, siempre he sido el mejor relleno para ciertas aceitunas, pero últimamente pincho en hueso y mis experiencias con las mujeres se reducen a breves instantes de cuerpos encajados, gemidos, toses, lumbalgia y la mezcla de dos salivas pintadas de tabaco cada vez que voy al baño de la casa de cualquiera tratando de encontrarme con ese pequeño cabrón insolente y acanallado que, hace ya más de 10 años, me sonreía desde la felicidad postcoital... Es decir, que esa fotocopia corporal de la otra noche no estuvo mal, no, pero nada que ver con aquellas sacudidas juveniles, con aquellos latigazos disfrazados de escalofrío, con aquella pasión de atletas, con aquellos gemidos que tenían un poco de necesidad carnal, cierta dosis de teatralidad romántica y un mucho de divertida falta de compromiso.

Autor: NAS
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13/11/2008

Capítulo 6 - Mala estrella

Algunas veces se me olvida que tengo vista de águila y que la barra es mi perfecta atalaya de vigía. Hay mujeres que, cuando llegas a su alma, te das cuenta de que has avistado tierra pero que, cuando las conoces, caes en que, una vez más, están rodeadas de agua y te aislan, te encierran claustrofóbicamente entre paredes de agua y tratan de acabar contigo. No te queda otra, virar el rumbo, ajustarte los tapones en los oídos e izar la enlutada tela con tibias y la calavera... y partir hacia los mares de otros ojos, deseando fondear en vírgenes miradas en las que clavar tus ojos con punciones visuales que alteren sus sentidos y enrojezcan sus mejillas.

Esta noche quería hablaros de la decepción, puesto que casi siempre tiene nombre de mujer. Lo bueno que tenemos los hombres es que decepcionamos de entrada, pues no somos más que hombres... las mujeres que nos encienden cierta luz en la mente, en cambio, suelen desencantarnos a medio plazo, pues arrojan repentinos silbidos de luz de neón que no llegan a buen puerto, pues se enredan sus filamentos y funden nuestras torpes bombillas... En fin, que todo cambia...

Autor: NAS
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26/10/2008

A los perros que sangran. Solos. 

El perro se halla tendido en el suelo del porche. El frío de la loza le relaja el pecho, y no hay ruidos extraños que le interrumpan el dormitar. Uso dormitar por creer así ajustarme mejor al sueño ligero de los perros, que uno nunca sabe del todo si vigían o descansan. Pero el hecho importante ahora es que el perro se revela vivo y levanta las orejas y el rabo como demostrando haber oído algo interesante. De un brinco corre veloz alrededor de la gran casa, peinándose el lomo en las esquinas. Lo que quiera que haya percibido se halla al otro lado del cuadrado-vivienda. De pronto, las zancadas directas y seguras se sustituyen por un breve escaneo olfativo, que se exterioriza como una serie de giros sobre sí mismo. Por fin, de entre las fragancias de jazmín, romero y albaricoques podridos, perro huele a gato, y sale disparado como una flecha, o como un obús, metáfora menos trillada y de guerras más modernas. El gato corre con el alma en los tobillos; el perro lo persigue ganando cada vez más terreno. Sin embargo, en una breve escaramuza de gravilla, maullidos y ladridos, el gato, no se sabe cómo, ha escapado por una minúscula oquedad en la valla del vecino, y ahora se halla fuera del alcance del perro.

Autor: Harry Lime
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