Me han preguntado varias veces que si sólo sé hablar de la crisis, vale, el 66% de mis artículos son sobre ese tema (2 de 3, vamos...) pero no es de lo único que se hablar, así que esto va dedicado a esas personas. Y ayer (que fue cuando me sobrevino el pensamiento) me dije: "qué mejor día para escribir, que el día en el que nadie escribe". Porque el 1 de enero nadie escribe, mirad si es cierto que el final lo dejé para hoy... Pero eso no cambia el hecho de que el primer día del año nadie hace nada (bueno, algunos pobres desgraciados trabajan, pero sólo unos pocos), todos con resaca, levantándose para comer (y porque no hay más remedio) y entre unas cosas y otras el día se te pasa como si no hubiese existido. De hecho, yo etiquetaría el día de año nuevo como "El día que no existe": no hay periódicos (ni siquiera panfletillos gratuitos, con perdón de ADN y, quizás, Metro y 20minutos), no hay revistas y en la tele sólo hay refritos de Nochevieja, clásicos de cine navideño y... bueno, en la tele sí hay noticias, aunque para lo que cuentan... Que si el primer bebé del 2009 y el último del 2008 (vaya competición estúpida, espero que les regalen algo, porque si no a buenas horas iba a sacar yo mi careto por televisión, acabada de parir y con 15 micros y otras tantas cámaras delante, enseñando a la criatura...), que si tantos muertos en Nochevieja (siempre muere alguien, yo no sé qué manía con desmadrarse tanto) y, cómo no, los saltos de esquí de La 2...
Me siento delante del ordenador. La silla demasiado alta, como de costumbre, tocando descubro que alguien ha debido de meter mano aquí, además la silla sigue altísima. Bajo la silla, me siento y me levanto. El gato me reclama. Quiere patio. Hago una visual en mi entorno con el fin de encontrar algo lo suficientemente tonto e inspirador que consiga que las musas aparezcan en mi camino alumbrando algún tipo de texto medianamente hilarante e ingenioso que esté a la altura de lo que espero hacer.
Nada, miro el reloj del ordenador. El tiempo pasa lento y tranquilo, siendo consciente de que así no hace más que enervarme y conseguir que me sienta impotente y falta de imaginación ante tamaña carencia de inspiración.
Leo lo escrito y descubro una especie de rima, si Fernando de Rojas me viera... Será una casualidad lo de la rima, pero no creo en ellas (en las casualidades, que un personaje literario no crea en las rimas es una grandísima ironía), soy yo quien las crea.
Esta página web ha dado a conocer al sujeto que más sentimientos despierta en este blog. A todos se les puede calificar de geniales. Pero hay uno especial. Hay uno que a unos les hace gracia, a otros pena por sus desgracias... a unos les crea simpatía, sin embargo hay a quienes les provoca odio... y así hasta tener un arco iris de sentimientos para terminar con los que se decantan por la indiferencia. Como egocéntrico declarado y en potencia, hablaba de mí. Es la historia de siempre. Es la de siempre. No aporto nada nuevo si digo que mi vida constituye un largo y provechoso viaje hacia la tontería. Ya de joven me di cuenta de que era tonto, unos años más tarde descubrí que no era el único. Pero no desviemos el tema. El caso es que tengo un problema de mentalidad. Pongamos que me vienen tres ideas pues yo elijo la de siempre, es decir, la peor. Si hablásemos en términos futbolísticos yo sería como el Real Madrid... que todo lo que sale dentro es nocivo y para lo poco bueno que viene de fuera lo convierto en malo. Ejemplo:
Sábado de vaqueros. ¿No os pasa a vosotras? En mi caso la sensación me sobreviene cuando me planto delante del armario, normalmente no me lo acabo pero estos sábados son distintos, abro y ya sé lo que quiero, los levis. Delante del espejo la cosa va a más (o a menos según se mire), labios, un poco de ojos y pelo recogido, ¿sí? Sí. Suena el móvil. Raquel: Cari, pilla el carné q esta noxe t toca coxe d vuelta.
No ayuda. ¿Me estaré haciendo mayor? No estoy. ¿Qué coño me falta?
En el coche suena Bebe. Raquel y Carmen ocupan las plazas delanteras, cantan y fuman, yo agradezco que lleven las ventanillas bajadas. Han pillado cristal, me pasan la bolsita para que la guarde yo que soy la que va a conducir luego. Joder con Bebe, se podría callar un poquito. Me suenan las tripas, tengo el estómago vacío. ¿Será eso lo que echo en falta?
Carmen se gira hacia mí:
Primero fue aquello de Arpanet, ya sabéis, la red de computadoras ARPANET (Advanced Research Projects Agency Network) que fue creada por encargo del Departamento de Defensa de los Estados Unidos como medio de comunicación para los diferentes organismos del país y que, de algún modo, fue el embrión de Internet. Luego, llegó Internet... y, de pronto, como por arte de magia, los malditos correos masivos que, como granadas en una guerra, caían por todas partes: fotos guarras, powerpoints sobre la importancia de la amistad, ridículas fotos de paisajes, un perrito caliente fálico, niños de Anne Gedes saliendo de macetas... Sí, al principio era en plan ‘Ay, cómo es Manu, siempre con sus correos de coña, no cambiará' o ‘¡Ay, que romántica es Sara! Pero cuando cada mañana te colapsa el correo de tu trabajo, en el cual has de recibir cosas importantes, el mismo capullo o iluminada, Manu pasa a ser una persona a la que exterminar y Sara, carne de secta. Y no es coña, tengo alguna amiga a la que he llegado a odiar por su manía de enviarme correos... Sí, ya sé, no me los envía a mí, formo parte de una extraña lista negra en la que veo mi dirección y deseo que se me trague la tierra. No me importa estar en las listas de suspendidos, en las del paro, en las que sean, pero verme en su puta lista de correo, me hace desear poner a régimen a mi banda ancha y hasta hacerle la circuncisión.