
Tras varios días de intensa meditación ya puedo deciros en qué consistía mi trabajo. Ha sido una árdua tarea de investigación en la que he contado con la ayuda de mi superior Ramón, un ejército de monos documentalistas y Jaime Peñafiel. Ellos encontraron la respuesta: mi trabajo consistía básicamente en tocarle las narices a todo aquel amigo, familiar o conocido mío. Sí, como Marichalar.
Os explico el motivo; todos sabéis que en la serie aparecen unas personillas al fondo del plano que normalmente no tienen peso en el argumento. Se les suele llamar personas-floreros, pero ellos prefieren autodefinirse como actores figurantes o extras. En cada capítulo el cabr... del guionista (aprovecho para mandarle un saludo desde aquí, hola The hard men path...) incluía trescientos extras. Tras explicarle que esto era una serie para Internet con bajo presupuesto y que no se trataba de una película de Mel Gibson conseguimos que redujera a cien los figurantes que necesitábamos para cada acto.
El director de producción lo vio clarísimo: yo me encargaría de dicha tarea semanal. Tras descartar la opción de poner cartelitos en las universidades y de acudir a una empresa de figuración, vi la luz: aprovecharse de los amigos.
Bombardeé sus cuentas de Hotmail con miles de correos en los que les vendía su participación como la experiencia de sus vidas, la posibilidad de hacerse famosos y que algún cazatalentos les descubriera para que participasen de viejo-adolescente en la serie Física o Química.
Visto el escaso resultado, opté por algo más directo: tirar del móvil de empresa. Cientos de llamadas recibían mis amigos, enemigos, parientes, conocidos y un vagabundo al que me encontré un día por la calle. Todos me decían lo mismo: ¿pero pagáis? Y yo les contestaba siempre: claro, os damos merienda y toda el agua que queráis. Ojo, en la merienda podían elegir entre dulce y salado.
Finalmente tuve éxito. Por la serie pasaron decenas de extras, casi todos extorsionados por un servidor. Algunos encontraron su
verdadera vocación: actor figurante sin frase y sobreactuado.
Las consecuencias para mi persona no han sido muy duras. Lo único es que cuando llamo a algún amigo me salta el buzón de voz. Y si llamo a una amiga me contesta directamente que no le interesa hacer de lesbiana en una serie de Internet en la que la protagonista es una máquina de condones. Delirios de grandeza propios de la prematura fama.
P.D. Dedico este artículo a todo aquel que fue gorroneado por mí y que tuvo la valentía de participar en este proyecto. Gracias, golf@s.



