Soy de esas personas que piensan que un optimista es un pesimista mal informado. No es que vea el vaso medio vacío, es que no veo ni el vaso. Sí, es una "cualidad" bastante lamentable pero así los palos que te van viniendo los recibes sentado tomando un café porque ya te los esperabas. ¿Imagináis una cita con una putada?
Putada: - Perdona por llegar tarde, ¿has esperado mucho?
Persona:- Joder, pues una media hora. Si me dices a las doce en punto, cúmplelo.
Putada: - Perdona, es que antes tenía que pasarme a ver a Pepe. Tenía que decirle que lo habían despedido y que su novia realmente es un novio.
Persona: - Cada día eres más hijo de puta.
Putada: - Claro, es que soy una putada. Bueno yo había quedado contigo para decirte que te vas a romper la pierna en dos días.
Persona: - Bueno, me lo esperaba. Últimamente me picaba la rodilla. Vamos a pagar la cuenta.
Putada: - Invito yo, por las molestias. ¡Ostias! No llevo suelto, ¿te importa...?
Supongo que hay dos tipos de pesimistas: los que nacen y los que se hacen. Estos últimos crean su pesimismo como mecanismo de autodefensa. Los que nacen siendo así ya son los que nunca hacen los deberes:
Profesora: -¿Has traído el ejercicio?
Alumno: - No, como todos lo iban a hacer...
Profesora: - ¿Cómo tienes tanto morro?
Alumno: - ¿Qué sentido tendría traer algo que todos han hecho igual?
Esa es una variante del pesimista, el pesimista-reflexivo. Establece teorías negativas de la vida e incluso hace suyos todos los males del mundo. Por otra parte observamos también que puede servirnos como excusa. Y hasta aquí el artículo de hoy...
Ramón: - Vitto, vaya mierda de artículo.
Yo: - Es que soy pesimista.



