13/11/2008
Desde la barra
Capítulo 6 - Mala estrella
Algunas veces se me olvida que tengo vista de águila y que la barra es mi perfecta atalaya de vigía. Hay mujeres que, cuando llegas a su alma, te das cuenta de que has avistado tierra pero que, cuando las conoces, caes en que, una vez más, están rodeadas de agua y te aislan, te encierran claustrofóbicamente entre paredes de agua y tratan de acabar contigo. No te queda otra, virar el rumbo, ajustarte los tapones en los oídos e izar la enlutada tela con tibias y la calavera... y partir hacia los mares de otros ojos, deseando fondear en vírgenes miradas en las que clavar tus ojos con punciones visuales que alteren sus sentidos y enrojezcan sus mejillas.
Esta noche quería hablaros de la decepción, puesto que casi siempre tiene nombre de mujer. Lo bueno que tenemos los hombres es que decepcionamos de entrada, pues no somos más que hombres... las mujeres que nos encienden cierta luz en la mente, en cambio, suelen desencantarnos a medio plazo, pues arrojan repentinos silbidos de luz de neón que no llegan a buen puerto, pues se enredan sus filamentos y funden nuestras torpes bombillas... En fin, que todo cambia...
La única mujer que no me ha desilusionado, provocándome el bostezo en mitad de cualquiera de sus ‘tequiero', ha sido Melissa. Melissa escondía cerraduras invisibles en sombreros de chistera con triple fondo, ocultaba interrogantes dentro de miradas enigmáticas y sus labios fueron el paréntesis que, durante un instante, me hizo olvidar los problemas de este precario mundo que envilece a cuantos lo pueblan. Es la única mujer que no me ha decepcionado... Lo duro fue enterarme, semanas más tarde, de que Melissa era Mario, un colega del barrio que había pasado por quirófano... No fue duro porque ella hubiera sido un tío en el pasado ni porque éste hubiera sido colega mío, sino por la triste conclusión de que la única mujer que no me había decepcionado hasta la fecha era o había sido un hombre. No tengo buena suerte, no, pero no me quejo, pues sólo en el claroscuro de este pub venido a menos, de esta taberna filosofal con divanes por barras, llego a ser yo mismo y me siento tan auténtico como un vaquero canalla que dispara al atardecer confiando en agujerear cada punto de estrella de sheriff que está colgada en el negro cubre de la noche.
Autor: NAS el 13/11/2008